[Ppnews] Interview with Clarisa López “I feel so proud that Papi..."

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Sat Feb 13 18:57:06 EST 2010


English translation follows Spanish

Entrevista a Clarisa López “Me siento sumamente 
orgullosa que Papi forme parte de los hombres del cartel de CLARIDAD”
Por Cándida Cotto
11 febrero 2009
http://claridadpuertorico.com/content.html?news=B4497C91304856266F9101B2F57B0ED6 


“Yo diría que mi papá es un hombre adelantado a 
su época”, es lo primero que se le ocurre decir a 
Clarisa sobre su padre, Oscar López Rivera. El 
amor, el cariZo, el respeto y admiración hacia su 
padre son evidentes, aún cuando han sido 
cultivados en una relación vigilada, no 
precisamente por gente que los quiere bien, sino 
por los guardias del imperio. Clarisa tenía diez 
aZos cuando su papá fue arrestado en mayo de 1981 
y acusado de conspiración sediciosa, desde esa fecha se encuentra en prisión.

Las visitas de Clarisa y el resto de la familia 
han sostenido el espíritu de este boricua nacido 
en el pueblo de San Sebastián en un tradicional 
Día de Reyes. Clarisa trata de visitar a su padre 
al menos dos veces al aZo, mientras las llamadas 
telefónicas, antes el correo y ahora el correo 
electrónico son parte de la relación. Este aZo 
pasado pudo visitarlo en septiembre y en 
noviembre durante el fin de semana de Acción de Gracia.

“En noviembre cuando llegamos había neblina, eso 
significa que si hay neblina hay la posibilidad 
de que suspendan la visita, luego de casi cinco 
horas de viaje. Con neblina no los mueven dentro 
de la cárcel, cuando llegamos nos percatamos que 
la fila de los carros era afuera, eso quería 
decir que no nos iban a dejar entrar. 
Efectivamente, nos dijeron que teníamos que 
esperar dos horas más para ver si el tiempo 
cambiaba entonces nos iban a permitir visitar”.

Viajó en carro con una de sus primas desde 
Chicago hasta la prisión federal de Terre Haute, 
en Indiana. Al llegar si hay inconvenientes para 
entrar como describió, la espera tiene que ser en 
el carro y no se pueden mover porque si no se 
pierde el turno. Después de las dos horas todavía 
esperaron de 30 a 45 minutos, a veces puede ser 
hasta una hora en lo que los guardias procesan el 
papeleo de entrada, todo depende del guardia que esté.

“Luego de eso entonces pasas al salón de visitas 
que es un ambiente hostil porque es bien 
incómodo, nada es agradable, nada, lo único 
agradable ahí es cuando mi papá sale que se me 
ilumina el salón de visitas, independiente a eso 
no hay nada agradable, nada que tu puedas comer, 
hay máquinas pero son cosas que están a punto de 
expirar, así que preferimos no comer nada, 
preferimos pasar las horas de visita que se 
supone podrían ser de cinco hasta siete horas 
pero con el proceso de mal tiempo, la espera de 
los carros para entrar, a veces se acorta la visita”.

Describió que el salón tiene filas de asientos a 
lo largo colocadas al frente y detrás. “Así que 
tienes gente sentada a los lados y los asientos 
son bien estrechos por lo que no tienes mucha 
movilidad y frente a ti van a sentar otros presos 
con sus familias si ese preso es una persona alta 
vas a estar incómodo. Es un poco complicado 
porque a veces tú sientes que las personas están 
sentadas encima de ti y la privacidad es muy poca 
porque tu no escoges donde sentarte, ellos tienen 
un mapa donde nos sientan, cuando tu llegas al 
salón ya ellos saben donde te van a ubicar así 
que usualmente nosotros estamos sentados donde 
sientes que todas las cámaras están hacia ti, una 
arriba, a los lados, así que es un poquito 
difícil pero tratamos de sacar lo mejor de esa visita y hablar de todo”.

Las conversaciones giran desde los estudios de 
maestría que al presente cursa Clarisa, los 
estudios universitarios que está iniciando su 
nieta Karina, la hija de Clarisa, de política, de 
deporte hasta de lo que les gustaría hacer cuando 
él esté fuera. “Hablamos de todo porque aunque él 
este allí encarcelado tiene una noción terrible 
de lo que está pasando fuera y eso es bien 
admirable hablamos de si está haciendo una 
pintura bien complicada me dice como le está 
yendo, aunque sus dos temas favoritos somos Karina y yo”.

Igual sucede con la lectura, por supuesto 
política, la historia de los indígenas, cuentos, 
arte, son tantos los temas y los libros sobre los 
cuales le gusta leer. Contó Clarisa que tuvo que 
pedirle en un momento a su padre que tenía que 
dividir los libros y otros materiales entre la 
familia porque ella sola no los podía guardar. Se 
supone que cada cierto tiempo Oscar tiene que 
sacar parte de las cosas que tiene en la celda.

El proceso del cartel
Aunque al momento de nuestra conversación todavía 
Clarisa no había visto el cartel que diseZó su 
Papá expresó estar segura de que lo disfrutó 
mucho. “Sé que fue un reto bien grande porque él 
nunca había hecho ese tipo de arte y aparte de 
eso estoy segura que para él es un honor el que 
fuera considerado para hacer ese arte y quería llenar las expectativas”.

Describió que el salón de pintura es un área 
pequeZa que comparte con otras personas. “Ahora 
había la particularidad de que ahí no había 
calefacción así que mientras iba a pintar se le 
estaban congelando las yemas de los dedos de las 
manos y de los pies entonces me dice que como 
estaba envuelto en el proceso no sabía primero 
qué era lo que iba a hacer, cada vez que volvía 
al cuarto de la pintura todavía no sentía los 
dedos, y dice que no sabe si se va a quedar así 
permanentemente”, narró Clarisa sobre parte de lo 
que le contó Oscar del trabajo para el festival.

“Pero el proceso como tal sé que lo disfrutó 
mucho no importa que cada día tenga sus 
complicaciones porque tiene que trabajar en ese 
espacio tan pequeZo, temperaturas bien bajitas ya 
el arte lo entregó y todavía no siente las yemas 
de los dedos. En el último correo electrónico que 
me envió relacionado al cartel me dijo que le 
gustaría que fuera yo la que se lo entregara a 
Lucecita, le dije que si me dice que sea yo, no 
tengo más remedio. También le dije que siempre hay mucha gente en esa tarima”.

A través de Clarisa, quien fue compaZera de 
trabajo en Claridad, Oscar conoce de referencia 
el Festival. “Creo que por los aZos que trabajé 
en el festival siempre le contaba que era salir 
del periódico ir directamente al estadio, creo 
que por eso ya estaba familiarizado con el 
proceso, cómo se hace, la dinámica que se da. 
Para mí que todavía estoy unida a CLARIDAD, 
trabajé ahí muchos aZos y lo agradezco, me siento 
sumamente orgullosa de que Papi ahora forme parte 
de los artistas que han trabajado el cartel, de 
los hombres del cartel. Fueron muchas las noches 
que me tocó trabajar en el Festival de CLARIDAD y 
ahora que voy a estar en otra función también me lo disfrutaré”, expresó.

Al pedir a Clarisa qué le gustaría decir de su 
padre que nunca antes nadie le haya preguntado, 
piensa unos segundos y luego con voz tierna y 
segura cuenta; “Que es una de las personas más 
inteligentes que he conocido en mi vida, que la 
calidad de ser humano, que su sensibilidad no es 
tan sólo hacia su familia, sus hijos, sus 
familiares, es algo que va más allá de cualquier 
frontera. Para darte un ejemplo mi Papá para mi 
cumpleaZos, que fue en enero 18 me envió un 
regalo y en enero 12 fue el terremoto de Haití, 
luego de eso nos intercambiamos correo 
electrónico y me dice qué hago, yo quisiera hacer 
algo, y me llegó un dinero que me regaló, no lo 
consulte con él lo que hice fue que cogí la mitad 
del dinero hice una compra y la doné, cuando se 
lo estoy comunicando, Papi hice esto a nombre de 
Karina, tuyo y mío, me dice sabes qué recibe un 
donativo y lo endose a la gente de Haití, así que 
los dos de manera distinta y sin habernos 
consultado estábamos haciendo algo que él quería, fue bien chévere”.

Para terminar la conversación nuestra amiga no 
oculta su angustia. “Ahora le digo que ya lleva 
27 aZos encarcelado que yo nunca he tenido la 
oportunidad de verlo fuera de una cárcel, que yo 
tengo 39 aZos, que Karina cumple 19 aZos el 1 de 
mayo, yo le digo sabes qué Viejo, el miedo más 
grande mío es que el tiempo me traicione, que el 
tiempo siga pasando así a esta rapidez que va y 
yo no tenga la oportunidad, la vida no me dé la 
oportunidad de conocer a mi Papá en otro plano, a 
otro nivel, que la vida no me lo ha dejado 
conocer por las circunstancias que han pasado. 
Eso sí me da miedo y no lo digo en forma de 
reproche, se lo digo porque creo que es el 
momento de dejarle saber, no sé si por la edad, 
porque soy madre, porque veo el tiempo pasar 
porque veo mucha gente que se van en un abrir y 
cerrar de ojos y eso yo no quisiera que me pase 
con él, yo quiero hacer cosas juntos, yo quiero 
ir al cine a ver una película, yo quiero ir al 
campo contigo, yo quiero levantarme y tomarme una 
taza de café contigo o solamente estar ahí y 
darte un abrazo de la duración que yo quiera, que 
nadie nos tenga que decir ya”.
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Interview with Clarisa López “I feel so proud 
that Papi is now one of the CLARIDAD poster artists”
By Cándida Cotto
February 11, 2010
http://claridadpuertorico.com/content.html?news=B4497C91304856266F9101B2F57B0ED6 

translated by Jan Susler

“I would say that my father is a man ahead of his 
time,” is the first thing that occurs to Clarisa 
to say about her father, Oscar López Rivera. Her 
love, affection, respect and admiration for her 
father are evident, even when they’ve been 
created through a monitored relationship, 
monitored not exactly by people who really love 
them, but rather by guards of the empire. Clarisa 
was ten years old when her father was arrested in 
May of 1981 and accused of seditious conspiracy, 
and he has been in prison ever since.

Visits from Clarisa and the rest of the family 
have maintained the spirit of this Puerto Rican, 
born in San Sebastián on a traditional Three 
Kings Day. Clarisa tries to visit her father at 
least twice a year, and telephone calls, 
previously the mail, and now email, are part of 
their relationship. Last year she was able to 
visit him in September and November during Thanksgiving weekend.
“In November, when we arrived there was fog­ if 
there’s fog, they may cancel visits­ and this is 
after almost five hours of traveling to get 
there. When there’s fog, there is no movement of 
prisoners. When we arrived, we noticed that the 
line of cars was outside, which meant that they 
weren’t going to let us in. As it turned out, 
they told us we had to wait two hours longer, to 
see if the weather changed and they might let us visit.”

She traveled by car with one of her cousins, from 
Chicago to the federal prison in Terre Haute, 
Indiana. If something happens to prevent the 
visit, like she described, they have to wait in 
the car. If they leave, they lose their place in 
line. After two hours they had to wait another 30 
to 45 minutes longer, sometimes an hour, while 
the guards process the visiting forms; it all 
depends on which guard is on duty.

“After that, we get to the visiting room, which 
is a hostile environment, because it’s really 
uncomfortable. Nothing is nice, nothing. The only 
nice thing there is when my father comes out. 
That lights up the visiting room, regardless of 
how disagreeable it is­ nothing to eat; well, 
there are vending machines, with stale food, so 
we would rather not eat anything. We’d rather 
spend the our time visiting­ supposedly you have 
from five to seven hours for the visit, but with 
the bad weather, waiting in the car to come in, 
sometimes the visit is cut short.”

She described the visiting room, with its long 
rows of seats lined up in front and behind. “So 
you have people seated at your side, and the 
seats are really narrow. You don’t have much room 
to move. And right across from where you are, 
other prisoners and their families are seated. If 
the other prisoner is tall, it’s going to be 
uncomfortable. It’s a little complicated, because 
sometimes you feel like the other visit is 
sitting right on top of you. You have very little 
privacy, because you don’t choose where you sit­ 
they have a diagram they use, to tell us where to 
sit. When you get to the visiting room, they 
already know where they’re going to put you. 
Usually we are seated where all the cameras can 
focus on us­ one above, others to both sides­ so 
it’s a little difficult, but we try to make the 
most of the visit, and talk about everything.”

The conversation ranges from Clarisa’s studying 
for her master’s degree, his granddaughter 
Karina’s (Clarisa’s daughter) having started at 
university, politics, sports, even what they’d 
like to do when he leaves prison. “We talk about 
everything, because even though he’s there in 
prison, he has a tremendous understanding of 
what’s happening out here, which is really 
admirable. If he’s creating a real complicated 
painting, he tells me how it’s going­ although 
his two favorite topics are Karina and me.”

The same thing happens with reading­ of course, 
politics, the history of indigenous peoples, 
short stories, and art, are topics as well as 
books he likes to read. Clarisa reports that at 
one point she had to ask her father to divide up 
the books and other materials among the family, 
because she alone couldn’t keep them all. After a 
certain point, Oscar is supposed to send out the 
things he’s accumulated in his cell.

The process of the poster
Although at the time of our conversation, Clarisa 
hadn’t yet seen the poster designed by her 
father, she said she was sure he thoroughly 
enjoyed doing it. “I know that it was huge 
challenge, because he’d never done that kind of 
art before, and apart from that, I’m sure that 
for him it’s an honor that he was considered to 
make the poster, and he wanted to meet those expectations.”

She described the room where he paints as a small 
area he shares with others. “Recently, the 
situation there was that there was no heat, so 
that while he was painting, his fingertips and 
his toes were freezing. Then he told me how he 
was involved in the process, that at first he 
didn’t know what he was going to do. Each time he 
went to painting room, he couldn’t feel his 
fingers; that he doesn’t know if they’re going to 
stay that way forever,” related Clarisa, as to 
what Oscar told her about his work on the festival poster.

“But I know he really enjoyed the process, 
regardless of the fact that each day was 
complicated, having to work in such a small space 
with frigid temperatures. He’s delivered the 
painting, and he still can’t feel his fingertips. 
In the last email he sent me about the poster, he 
told me he would like me to be the person to 
deliver the painting to Lucecita. I told him that 
if he says I should do it, I won’t object. I also 
told him that there are always a lot of people up on the stage.”

Through Clarisa, who was one of the companeras 
working at Claridad, Oscar knew about the 
Festival. “I think that when I worked at the 
festival for years, I always told him we would 
leave work at Claridad and go directly to the 
stadium. I think that because of that, he was 
familiar with the process, how it’s done, the 
dynamics of the festival. I am still close to 
CLARIDAD, where I worked for many years, and I’m 
grateful for that. I feel enormously proud that 
Papi is now one of the artists who have made the 
poster, one of the poster artists. I had to work 
many nights at the CLARIDAD Festival, and now 
that I’ll be there in a different capacity, I’m 
also going to enjoy that,” she expressed.

We asked Clarisa what she wanted to say about her 
father. No one had ever asked that before. She 
thought for a couple seconds, and then in a 
tender and confident voice, she said, “He is one 
of the most intelligent people I have ever known. 
His human quality, his sensitivity, isn’t just 
toward his family, his children, his family 
members; it’s something goes beyond any border. 
To give you an example, for my birthday, which 
was January 18, my father sent me a gift. On 
January 12, the earthquake struck Haiti. After 
that we exchanged emails, and he asked me, “What 
can I do? I want to do something.” When the money 
he sent for my birthday arrived, I didn’t consult 
with him, but I took half the money to buy food 
and donate it. When I told him, I said “Papi, I 
did this in our name, for Karina, you and me.” He 
told me, “Do you know what? I received some money 
and gave it to the Haitian people.” So both of 
us, in different ways and without even talking 
about it, were doing something he wanted. It was a great experience.”

By the end of our conversation, our friend didn’t 
hide her anguish. “He’s been in prison 27 years, 
and I’ve never had the chance to see him out of 
prison. I’m 39 years old. Karina will turn 19 on 
May 1. I tell him, “You know what, Papi? My 
greatest fear is that time will betray me, that 
time is passing so quickly, and I won’t have the 
chance, that life won’t give me the chance to 
know my father on another level; that life hasn’t 
let me know him, due to things that have 
happened.” That makes me scared, and I don’t say 
it as a reproach; I say it because I think it’s 
time to let him know. I don’t know if it’s 
because of my age, because I’m a mother, because 
I see time passing, because I see many people who 
leave in the blink of an eye, and I don’t want 
that to happen to me, with him. “I want to do 
things together. I want to go to the movies. I 
want to go to the countryside with you. I want to 
wake up and drink a cup of coffee with you, or 
just be there and hug you for as long as I want 
to, with nobody telling us that visiting time is over.”











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