[Pnews] Puerto Rican Miracle - Ricardo Alarcón on Oscar Lopez

Prisoner News ppnews at freedomarchives.org
Tue Jun 30 10:44:00 EDT 2015


*Puerto Rican Miracle*
*By *

*Ricardo Alarcón de Quesada*

June 26, 2015

A CubaNews translation. Edited by Walter Lippmann.

*http://www.walterlippmann.com/docs4409.html*


Since the beginning of June, in both Manhattan and San Juan, thousands 
of Puerto Ricans have taken to the streets raising two key demands: 
independence for Puerto Rico and the release of Oscar López Rivera who 
has been in prison for more than 34 years, and is the longest-serving 
political prisoner in Our America.

All political and social sectors of Puerto Rico, without exception, have 
been involved in these demonstrations. They were convened by all 
patriotic organizations which have fought against colonialism in 
different ways but now came together for this action. They were joined 
by others who, in one way or another, have shown increasing 
dissatisfaction with a regime that, lacking sovereignty, is also 
experiencing a deep economic and social crisis.

The Puerto Rican cause has been particularly complex and difficult. 
Having confronted the most powerful empire on earth for more than a 
century, the small island has suffered a very harsh isolation. Under 
pressure from Washington, its drama was largely ignored by most of its 
Latin American and Caribbean sister nations and silenced by the big 
international media.

Its struggle has been, above all, solitary. It was left out of the great 
liberation movement of the nineteenth century, to which it nonetheless 
made an important contribution of fighters and sacrifices. It was then 
ceded as a possession by the Spanish crown to the rising US empire which 
exerts absolute control over Puerto Rico. The tremendous challenge to a 
large extent explains the internal disagreements that have hindered the 
necessary unity of the people.

The situation, however, is changing. The engine that drives the change 
has a name: Oscar López Rivera. The brutal sentence he endures has 
generated the unanimous rejection of all Puerto Ricans without exception.

Oscar did not kill or cause harm to anyone. He did not practice violence 
or transgressed the law. His only armed experience was in the Vietnam 
War -to which he was dragged into as so many young people of his 
generation- and he returned decorated by the US Army.

He was sentenced, in 1981, to 55 years in prison for the alleged crime 
of "seditious conspiracy", specifically for being a militant in a 
Chicago-based organization that seeks independence for Puerto Rico.

He was subjected to particularly cruel prison conditions, including 13 
years in solitary confinement and severe restrictions on his 
communication with the outside world. His first contact with the press 
took place two years ago when, by the way, he said: "I'm ready for 
whatever comes; I will always be ready for whatever comes."

Oscar's case is grossly unfair and it was so recognized at the highest 
level by the US authorities.

In 1999, sixteen years ago, President Clinton decided that he and other 
Puerto Ricans then imprisoned had received excessively long sentences 
and therefore they should be immediately released. Oscar refused to 
accept this because that presidential action did not include two other 
prisoners. These two served their punishment and were released, while 
successive petitions filed by Oscar's defense have been denied.

This petition was presented to President Obama in 2013 by the convention 
of the AFL-CIO, the US union organization, after a unanimous vote. 
Similar requests have been made by all political, religious, academic 
and social institutions of Puerto Rico, including the governor-who, in 
an unprecedented gesture, visited Oscar in the federal prison- as well 
as colonial parties and all media of the island and the Boricua 
emigration. Never before had such an expression of unity been reached 
among Puerto Ricans.

It is a miracle of love and solidarity. It was made possible by a man 
who sacrificed his entire life for others and suffered the worst 
torments for the unredeemed homeland he embodies today in an exemplary 
manner.

Before the end of the month the Decolonization Committee of the United 
Nations will reaffirm the right of Puerto Rico to independence and will 
join the demand for Oscar's freedom. The UN committee has been active in 
this respect since 1972, always recognizing the inalienable rights of 
the Puerto Rican nation.

But Washington turns a deaf ear to a claim that -despite US's efforts to 
stop it- continues to grow. Over the years, only Cuba promoted the issue 
in the UN; today it is accompanied by a group of Latin American 
countries. Actions must be multiplied in the General Assembly and every 
international forum, and beyond, until the case of Puerto Rico becomes 
what it should be: a real priority for all.

It is a battle in which Latin America, now moving along the roads of a 
new era, has an inescapable obligation; and it will be waged with the 
same determination of the indomitable patriot who, from the solitude of 
his cell, has managed to overcome the atrocious captivity.
********************************************
*MILAGRO BORICUA*
Ricardo Alarcón de Quesada
26 de junio 2015

Desde que comenzó el mes de junio tanto en Manhattan como en San Juan 
miles de puertorriqueños han salido a las calles levantando dos demandas 
fundamentales: la independencia de Puerto Rico y la liberación de Oscar 
López Rivera quien cumple más de 34 años de prisión y es el preso 
político por más tiempo encarcelado en Nuestra América.

En estas manifestaciones han participado todos los sectores políticos y 
sociales de Puerto rico, sin excluir a ninguno. Convocados por todas las 
organizaciones patrióticas que han luchado contra el colonialismo por 
caminos diferentes pero ahora se juntaron para esta acción, a ellas se 
sumaron otras que, de un modo u otro, muestran creciente inconformidad 
con un régimen que, carente de soberanía, atraviesa además una profunda 
crisis económica y social.

La causa puertorriqueña ha sido singularmente compleja y difícil. 
Enfrentando por más de un siglo al Imperio más poderoso de la Tierra, la 
pequeña isla ha sufrido de un muy duro aislamiento. Por presiones de 
Washington su drama fue ignorado por mucho tiempo por la mayoría de sus 
hermanas latinoamericanas y caribeñas y silenciado por la gran prensa 
internacional. Su lucha ha sido, sobre todo, una lucha solitaria desde 
que, apartada del gran movimiento emancipador del Siglo XIX, al que, sin 
embargo, aportó una importante contribución de combatientes y 
sacrificios, fue cedida como posesión por la Corona española al naciente 
Imperio norteamericano que sobre ella ejerce un dominio absoluto. El 
tremendo desafío explica en gran medida las desavenencias internas que 
han obstaculizado la necesaria unidad del pueblo.

La situación, sin embargo, está cambiando. El motor que impulsa el 
cambio tiene un nombre: Oscar López Rivera. La brutal condena que padece 
ha generado el rechazo unánime de todos los puertorriqueños sin 
excepción alguna.

Oscar no mató ni causó daño a nadie. No practicó la violencia ni 
transgredió las leyes. Su única experiencia armada fue en la guerra de 
Viet Nam a la que se vio arrastrado como tantos jóvenes de su generación 
y de la que regresó condecorado por el Ejército norteamericano.

Lo condenaron en 1981 a 55 años de cárcel por el supuesto delito de 
“conspiración sediciosa”, en concreto por ser militante en la emigración 
boricua de Chicago de una organización que busca la independencia de 
Puerto Rico. Le fueron impuestas condiciones carcelarias especialmente 
crueles, incluyendo 13 años de confinamiento solitario y severas 
restricciones a su comunicación con el mundo exterior. Su primer 
contacto con la prensa ocurrió hace dos años, ocasión en la que, por 
cierto, afirmó: “yo estoy listo para lo que venga, siempre voy a estar 
listo para lo que venga”.

El caso de Oscar es escandalosamente injusto y así fue reconocido, al 
más alto nivel, por las autoridades norteamericanas. En 1999, hace ya 
dieciséis años, el Presidente Clinton determinó que a él y a otros 
puertorriqueños entonces encarcelados les habían impuesto sentencias 
excesivamente prolongadas y por ello debían ser inmediatamente 
liberados. Oscar rehusó aceptarlo porque aquella acción presidencial no 
incluía a otros dos prisioneros. Estos dos hace años cumplieron sus 
castigos y recuperaron la libertad mientras que han sido denegadas 
sucesivas peticiones presentadas por la defensora de Oscar.

Así se lo pidió al Presidente Obama en 2013, en votación unánime, la 
Convención de la AFL-CIO, la organización sindical norteamericana. Igual 
solicitud han hecho todas las instituciones políticas, religiosas, 
académicas y sociales de Puerto Rico, incluyendo al Gobernador –que, en 
gesto sin precedentes, visitó a Oscar en la prisión federal- y a los 
partidos coloniales y todos los medios de prensa de la isla y de la 
emigración boricua. Nunca antes se había alcanzado entre los 
puertorriqueños semejante expresión de unidad.

Es un milagro del amor y la solidaridad. Lo hizo posible un hombre que 
sacrificó toda su vida por los demás y sufrió los peores tormentos por 
la Patria irredenta que hoy encarna ejemplarmente.

Antes que concluya el mes el Comité de Descolonización de la ONU 
reafirmará el derecho de Puerto Rico a su independencia y se sumará a la 
exigencia por la libertad de Oscar. El Comité ha estado pronunciándose 
al respecto desde 1972, siempre reconociendo los derechos inalienables 
de la nación puertorriqueña. Pero Washington hace oídos sordos a un 
reclamo que, pese a sus empeños por detenerlo, no deja de crecer: 
durante años sólo Cuba promovía el tema en la ONU, hoy la acompaña un 
grupo de países latinoamericanos. Se necesita multiplicar las acciones, 
en la Asamblea General y en todos los foros internacionales y más allá 
hasta trasformar el caso de Puerto Rico en lo que debe ser, una 
verdadera prioridad para todos.

Se trata de una batalla en la que América Latina, enrumbada ahora por 
caminos de una nueva época, tiene una obligación inexcusable y habrá que 
librarla con la misma determinación del patriota indoblegable que, desde 
la soledad de su celda, ha sabido vencer el atroz cautiverio.


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