[Pnews] Oscar López Rivera - I hope to come out of this place unscathed

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Fri Jun 5 19:44:04 EDT 2015


English translation follows Spanish

Oscar López Rivera: “Espero salir incólume de este sitio”
El prisionero político puertorriqueño agradece los gestos de solidaridad 
para su puesta en libertad
Por: María Peña
PUBLICADO: JUN, 5, 2015
http://www.eldiariony.com/oscar-lopez-rivera-espero-salir-incolume-de-este-sitio

Acaba de cumplir 34 años en prisión, pero el prisionero político 
puertorriqueño, Óscar López Rivera, afirmó que, con la ayuda del 
presidente Barack Obama, espera “salir incólume” de la cárcel, para 
“besar la tierra” al sólo regresar a la isla.

López Rivera, de 72 años de edad, purga una condena de 70 años en EEUU 
tras ser sentenciado por sedición por sus vínculos con el extinto grupo 
independentista Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), y desde 
1998 está en una prisión en Terre Haute (Indiana).

En entrevista exclusiva por teléfono con este diario, López Rivera 
afirmó que estuvo al tanto de los actos de solidaridad de los últimos 
días para exigir su puesta en libertad, y describió sus planes de futuro 
para cuando finalmente salga libre.

Eso si Obama le concede la solicitud de clemencia, que permanece en 
revisión desde 2011 por el Departamento de Justicia.

De lo contrario, y si no interviene otro presidente en la Casa Blanca, 
el prisionero político con mayor tiempo en una cárcel estadounidense 
tendría que esperar hasta 2023 para salir en libertad bajo palabra.

Aunque víctimas de la violencia del FALN se oponen a su puesta en 
libertad, la mayoría de los puertorriqueños la apoya.

P: ¿Ha seguido los actos del fin de semana para exigir su libertad?

López Rivera: Hice varias llamadas y así pude enterarme de lo que estaba 
ocurriendo en Puerto Rico y en Nueva York. Me dieron un ‘play by play' 
de la caminata en Puerto Rico, de la marcha en Nueva York. En Puerto 
Rico caminaron bajo la lluvia, casi celebrando la lluvia, y pude 
escuchar las consignas. También hablé con varias de las mujeres que se 
reúnen en Puerto Rico (el último domingo de cada mes) para apoyarme.

Se qué ha habido presidentes, varios premios Nobel, y grupos religiosos 
metidos en este movimiento. Esto para mí es algo muy bonito, muy 
emotivo. Son esfuerzos muy importantes y los agradezco profundamente.

P: ¿Qué ha sido lo más difícil de la vida en prisión?

L.R.: Estar preso nunca es fácil pero hay salud, buenas energías y 
buenas vibras. Lo más duro para mí ha sido mantener los lazos 
familiares, esa distancia que hay entre la familia y uno.
También la separación con el pueblo, porque siempre trabajé con la 
comunidad, algo que verdaderamente disfrutaba.

La prisión es un ambiente hostil, deshumanizante, que nos va robando 
nuestra fibra humana, pero lucho para no institucionalizarme: mantengo 
una rutina, una agenda cargada, porque no quiero darle mi tiempo a los 
carceleros. Leo mucho –la lectura es un tiempo sagrado-, dibujo, escribo 
cartas, hago ejercicio, y siempre busco lazos con mi familia, con las 
personas afuera.

P: ¿Se mantiene en contacto con su familia?

L.R.: Mantengo buena comunicación con mi hija, con mi familia. Casi 
todos los días nos comunicamos por teléfono, por correo electrónico.

Estuve 12 años y 4 meses (cuando estuvo en aislamiento en solitario), 
donde solo podía tener dos llamadas de 15 minutos al mes, y para mi hija 
el costo de viajar desde Puerto Rico para visitarme donde estaba era muy 
alto. La comunicación con mi madre, con la familia, era bien limitada.
Mi nieta tenía siete años cuando la pude abrazar por primera vez.

P: ¿Cree que el presidente Obama le dará clemencia antes de que él 
abandone la presidencia?
L.R.: Vivo de la esperanza, nunca la he perdido. Si (Obama) cree en la 
justicia, si pone atención y estudia el caso mío, él puede ofrecer 
clemencia.

El presidente Bill Clinton lo hizo, pero no acepté la oferta (de 1999) 
por dos razones: primero, porque cuando la ofreció excluyó a varios de 
mis compañeros y yo no dejo a nadie atrás, y segundo, porque era una 
libertad con condiciones.

López  Rivera con Alejandro García Padilla, gobernador de Puerto Rico.

P: ¿Qué es lo primero que hará cuando regrese a San Sebastián?

L.R.: No me gusta el optimismo ilusorio, pero lo primero que haré es 
besar mi tierra; he estado mucho tiempo lejos de mi pueblo.

Me hace falta mi familia, me hacen falta el arroz con gandules, los 
tostones… ah y el aguacate.
También quiero trabajar en varios proyectos a largo plazo. Me gustaría 
trabajar para forjar la unidad de la diáspora puertorriqueña y Puerto 
Rico. Que no nos veamos como dos grupos separados, los 3.5 millones en 
Puerto Rico y los 5 millones en EEUU, sino como una sola fuerza, porque 
tenemos el corazón grande y somos compasivos, y eso debemos cultivarlo.

Me gustaría trabajar en programas educativos, lograr cosas factibles 
para ganar la confianza de que podemos avanzar como pueblo.

P: Usted ha sido comparado con el fallecido líder sudafricano Nelson 
Mandela, y él tuvo una transformación en la cárcel. ¿Cuál ha sido la suya?

L.R.: Yo puedo vivir con la conciencia tranquila. Soy veterano de 
guerra, estuve en Vietnam, y considero que la vida humana es bien 
sagrada. Condeno la pena de muerte entonces, ¿cómo puedo apoyar la 
violencia?

Hay que contextualizar la lucha de Mandela contra el régimen racista, lo 
que él hizo y el proceso evolutivo que tuvo, desde que estuvo preso 27 
años hasta que salió libre en los años 90. Él cambió radicalmente 
(abandonó la lucha armada), pero también logró luchar por los derechos 
de los población negra… el gobierno terminó cediendo a las presiones.

Puedo dar el ejemplo de la lucha en Vieques. El pueblo puertorriqueño 
logró sacar a la Marina de EEUU de Puerto Rico sin recurrir a la 
violencia y creo que eso indica que ha habido un cambio.

P: ¿Cómo ve la crisis actual en Puerto Rico?

L.R.: La crisis lleva bastantes años y en sí es económica, por la deuda, 
pero tiene secuelas graves. Hay una fuga de cerebros, una emigración 
forzada porque Puerto Rico no le ofrece futuro a la juventud.

Puerto Rico no está en condiciones para pagar la deuda pero el capital 
humano es lo más preciado que tenemos, y si la gente se ve forzada a 
emigrar, se pierde la dinámica del pueblo, de la identidad nacional. Eso 
me preocupa.

El discurso político puertorriqueño necesita superarse, que vaya con la 
verdad por delante, que sea un discurso sano, ético y que considere la 
dignidad del pueblo.

Creo que como nación tenemos que trascender la mentalidad colonizadora, 
trabajar por la reconciliación nacional, por la unidad, trabajar en el 
proyecto de país.

P: ¿Cuál es su mensaje para el pueblo puertorriqueño?

L.R.: Las visitas que he recibido de líderes puertorriqueños me traen 
mucha esperanza, energía.
Agradezco profundamente la solidaridad que todos me han expresado y 
quiero seguir luchando por mi país, por mi gente.

Mantengo la frente en alto, y espero salir incólume de este sitio.

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Oscar López Rivera: “I hope to come out of this place unscathed”
Political prisoner grateful for efforts of solidarity for his release
By María Peña
June 4, 2015
http://www.laraza.com/oscar-lopez-rivera-espero-salir-incolume-de-este-sitio/

He has just finished his 34th year in prison, but Puerto Rican political 
prisoner Oscar López Rivera says that with the help of president Barack 
Obama, he hopes to “leave prison unscathed,” to kiss the land when he 
returns to the island.

López Rivera, 72 years old, is serving a 70 year sentence in the U.S. 
after being sentenced for sedition for his connection to the extinct 
independentista group Armed Forces of National Liberation (FALN). Since 
1998 he has been in a prison in Terre Haute (Indiana).

In an exclusive telephone interview with this newspaper, López Rivera 
said he was aware of the acts of solidarity that took place in the past 
few days, demanding his release from prison, and described his plans for 
the future when he is finally released.

That is, if Obama grants his petition for clemency, which has been under 
review since 2011 by the Department of Justice.

If he does not grant the petition, and if no other president in the 
White House intervenes, the political prisoner who has served the most 
time in a U.S. prison will have to wait until 2023 to be paroled.

Although victims of FALN violence oppose his release, the majority of 
Puerto Ricans support it.

Q: Have you followed this weekend’s events demanding your release?

López Rivera: I made several calls, and I was able to find out what was 
happening in Puerto Rico and in New York. They gave me a play by play of 
the walk in Puerto Rico, of the march in New York. In Puerto Rico they 
walked in the rain, almost celebrating the rain, and I could hear the 
chants. I also spoke with several of the women who gather in Puerto Rico 
(the last Sunday of every month) to support me.

I know that presidents, several Nobel Laureates, and religious groups 
have become involved in this movement. For me this is something really 
beautiful, very emotional. They are very important efforts, and I am 
deeply grateful for them.

Q: What has been the most difficult thing about life in prison?

L.R.: Being a prisoner is never easy, but I am healthy and there is good 
energy, good vibrations. The hardest thing for me has been to maintain 
my family ties, that distance that exists between the family and you.

Also the separation from the people, because I always worked with the 
community, something I truly enjoyed.

Prison is a hostile environment, dehumanizing, that is robbing us of our 
human fiber, but I struggle to not become institutionalized: I keep a 
routine, a full agenda, because I don’t want to give my time to the 
jailers. I read a lot – reading is sacred time – I draw, write letters, 
exercise, and always stay in touch with my family, with people on the 
outside.

Q: You keep in touch with your family?

L.R.: I have good communication with my daughter, with my family. Almost 
every day we talk either on the phone or by email.

I spent 12 years and 4 months (when I was isolated in solitary 
confinement), where I could only have two 15 minute calls a month, and 
for my daughter the cost of traveling from Puerto Rico to visit me where 
I was being held was very expensive. Communication with my mother, my 
family, was very limited.

My granddaughter was seven years old when I could hug her for the first 
time.

Q: Do you think president Obama will grant you clemency before the end 
of his term?

L.R.: I live with hope, I have never lost hope. If (Obama) believes in 
justice, if he pays attention and studies my case, he could grant clemency.

President Bill Clinton did so, but I didn’t accept the offer (of 1999) 
for two reasons: first, because when he offered it, it excluded some of 
my compañeros, and I don’t leave anyone behind, and second, because it 
was a freedom with conditions.

Q: What is the first thing you will do when you return to San Sebastián?

L.R.: I don’t like illusory optimism, but the first thing I will do is 
kiss my land. I have been far from my town for a long time.

I miss my family, I miss rice with pigeon peas, tostones ... oh, and 
avocado.

I also want to work on several long term projects. I would like to work 
to forge unity between the Puerto Rican diaspora and Puerto Rico, so 
that we do not see ourselves as two separate groups, the 3.5 million in 
Puerto Rico and the 5 million in the U.S., but rather as a single force, 
because we have big hearts and we are compassionate, and we need to 
cultivate this.

I would like to work in educational programs, to achieve feasible things 
to gain the confidence that we can advance as a people.

Q: You have been compared with the deceased South African leader Nelson 
Mandela, and he underwent a transformation in prison. What has your 
transformation been?

L.R.: I can live with a clear conscience. I am a war veteran. I was in 
Vietnam, and I believe that human life is very sacred. I am against the 
death penalty. How could I support violence?

You have to contextualize Mandela’s struggle against the apartheid 
regime, what he did and the evolutionary process he underwent, from the 
time he was a prisoner for 27 years to his release in the 90's. He 
changed radically (he abandoned armed struggle), but he also managed to 
struggle for the rights of the Black population ... the government ended 
up ceding to pressure.

I can give the example of the struggle in Vieques. The Puerto Rican 
people achieved the ouster of the U.S. Navy from Puerto Rico, without 
resorting to violence, and I think that indicates there has been a change.

Q: How do you see the current crisis in Puerto Rico?

L.R.: The crisis is a few years old already, and is per se economic, due 
to the debt, but has grave consequences. There is a brain drain, a 
forced migration because Puerto Rico isn’t offering a future to its youth.

Puerto Rico is in no condition to pay the debt. Human resources is the 
most valued thing we have, and if people feel forced to migrate, the 
dynamism of the people, the national identity, is lost. That worries me.
Puerto Rican political discourse must be overcome, to put truth ahead; 
it should be a healthy, ethical discourse that takes into account the 
dignity of the people.

I think that as a nation we must transcend the colonized mentality, work 
for national reconciliation, unity, work on the project of the country.

Q: What message do you have for the Puerto Rican people?

L.R.: The visits I’ve received from Puerto Rican leaders bring me much 
hope, energy.

I am deeply grateful for the solidarity that everyone has expressed, and 
I want to keep struggling for my country, for my people.

I hold my head high, and I hope to come out of this place unscathed.



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