[Ppnews] Puerto Rican political prisoner Oscar López speaks from prison

Political Prisoner News ppnews at freedomarchives.org
Thu Jun 20 12:29:32 EDT 2013


English translation follows Spanish

“EL TIEMPO VA A SER MÍO”: El preso político boricua Oscar López habla 
desde el encierro
POR JOSÉ A. DELGADO
19 junio 2013
http://www.elnuevodia.com/eltiempovaasermio-1534469.html
WASHINGTON – Al prisionero político puertorriqueño Oscar López Rivera su 
largo encierro le ha hecho apreciar cada minuto en el que puede hablar 
con su familia, contestar una carta o dibujar.

Después de 32 años en cárceles estadounidenses, su esperanza de volver a 
pisar Chicago (Illinois), donde logró entender a su Puerto Rico, y San 
Sebastián, donde nació y se crió, está más vigente que nunca.

Pero mira el proceso sobre su solicitud de clemencia al presidente 
Barack Obama con el mismo tesón que aprendió durante sus 12 años en 
solitaria, reconociendo que puede tener que estar otra década más en la 
prisión de Terre Haute (Indiana), donde, a pesar de la notoriedad de su 
caso, sigue siendo el prisionero 87651-024.

“Me tienen preso, pero el tiempo va a ser mío”, dijo ayer López Rivera, 
de 70 años, en una entrevista telefónica con
El Nuevo Día.

López Rivera piensa que durante las últimas tres décadas el verdadero 
sacrificio ha sido el de su familia.

El amor hacia su hija y su nieta se forjó desde la distancia y la 
separación obligada que han tenido, primero por sus años en la 
clandestinidad y luego por su larga condena.

Su hija Clarisa, de 42 años, quien reside en Puerto Rico y ha tenido a 
su padre en prisión o la clandestinidad durante casi toda su vida, viaja 
a verlo unas dos veces al año. Su nieta, Karina, quien se acaba de 
graduar de sicología y biología, lograba visitarlo con más frecuencia 
por haber estudiado en la Universidad de Chicago.

La mayor parte de la comunicación con su familia, abogados y amigos se 
hace por teléfono y mensajes electrónicos que –siempre revisados por sus 
carceleros– puede enviarles.

“Tenemos una relación muy bonita. Vengo de una familia bastante unida y 
eso ha ayudado mucho, especialmente con mi hija y luego con mi nieta. A 
uno le hace una falta enorme la familia. Ni me imaginaba que la relación 
se iba a forjar bien. Hay mucho amor entre nosotros”, indicó.

Sentenciado a 70 años de cárcel sin haber sido convicto de matar a 
alguien, la fecha de su liberación, según el Negociado de Prisiones de 
Estados Unidos, sería el 26 de junio de 2023, cuando habría cumplido 42 
años en prisión.

Llegó a Chicago de la mano de sus padres cuando tenía 14 años. Y en esa 
ciudad aprendió a tener pensamiento crítico, en momentos en que cobraba 
forma la lucha por los derechos civiles y leía letreros de restaurantes 
que gritaban racismo hacia las personas de origen mexicano –‘dogs or 
mexicans are not allowed’–, similares a los que sus compatriotas veían 
en Nueva York dirigidos a ellos.

De su padre, dijo, heredó los principios. Recordó que le recomendó leer 
una historia en el periódico en el que se comentaba la decisión en la 
década de 1930 del pintor mexicano Diego Rivera de negarse a quitar el 
retrato de Vladimir Lenin de un mural que le había encomendado el 
multimillonario John Rockefeller.

A la guerra de Vietnam fue a causa del servicio militar obligatorio. 
Todavía no se consideraba independentista. La impresión que le dejó el 
campo de batalla, sin embargo, le lanzó al activismo político y 
comunitario y luego a la lucha por la independencia, a través del grupo 
clandestino Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN).

“La experiencia de la guerra transforma a las personas. Cuando regresé 
de la guerra, la comunidad puertorriqueña empezaba también a exigir que 
se le oyera y se le viera, salir de la invisibilidad en que estaba”, afirmó.

La historia de los presos nacionalistas, sobre todo de Lolita Lebrón, 
influenció su vida. “Me uní a la campaña por la liberación de ellos. 
Decidí hacer algo”, contó.

Pese a que en Puerto Rico se ha generado un significativo consenso a 
favor de su excarcelación, López Rivera reconoce que si su solicitud de 
clemencia llega a las manos del presidente de Estados Unidos la presión 
en su contra también se intensificará.

La entrevista con López Rivera se realizó por teléfono después de que el 
alguacil de la cárcel de Terre Haute, John Oliver, rechazara un nuevo 
pedido de El Nuevo Día poder conversar en persona. Para Oliver, “la 
entrevista (en persona) puede poner en peligro la seguridad e 
interrumpir el orden bajo el que funciona la institución”.

“No entiendo cómo un reportero puede representar una amenaza para la 
institución porque yo estoy preso y las entrevistas se hacen en un salón 
separado”, indicó López Rivera, quien desde el verano de 2006 –cuando El 
Nuevo Día también le entrevistó por teléfono– no tenía contacto con 
periodistas.

En su unidad de Terre Haute hay unos 50 presos. Es el único que tiene 
que reportarse cada dos horas ante los guardias penales.

¿Cómo está su salud?
  “Para mis 70 años está buena”. ¿Cómo lo tratan? “Dentro de la realidad 
me están tratando bien. Siempre hay cositas que ocurren que son parte 
del medio ambiente”.

¿Le prohibieron algunas comunicaciones?
“No me permiten –con excepción de entrevistas (ayer)– hacer comentarios 
por teléfono que puedan ser publicados. Me dijeron (si ocurre) ‘vas para 
el hueco’, es decir estar entre 30 y 60 días en segregación”.

Ha recibido un fuerte apoyo en Puerto Rico y la diáspora.
“Ha sido maravilloso y conmovedor. Cuando personas que pensamos 
completamente diferente nos unimos es algo muy significativo. Lo más 
lindo es el sentido de justicia dentro de nuestro pueblo. Somos un 
pueblo solidario y con amor a la justicia”.

¿Todas sus comunicaciones se las interceptan?
“Las llamadas telefónicas son interceptadas completamente. Si envío un 
correo electrónico en español, puede tardar de tres a cinco días en 
llegar”. ¿Tiene acceso a computadoras? “Solamente para mensajes 
electrónicos (que no pueden salir de la institución hasta ser revisados 
por las autoridades penales). Nunca he visto (la red de Internet)”.

¿Cómo comparan sus condiciones actuales con los 12 años en solitaria?
“Es una diferencia como la noche y el día. Eso de estar en una celda de 
seis pies por nueve durante 22 horas y 45 minutos es muy duro. No hay 
casi contacto con presos. Cuando los guardias vienen a buscarte, te 
mantienen amarrado. Te menean las esposas para cortarte la piel”.

  ¿Cómo mantuvo la sanidad mental? “Una de las cosas más importantes es 
el concepto que uno tiene del tiempo. Me tienen preso pero el tiempo va 
a ser mío. En una celda de seis por nueve, uno lo convierte en un todo, 
el estudio, el área de ejercicios, para leer”.

¿Cuál es su rutina?
“Me levanto a las 4:00 a.m. y desde la cama empiezo mis ejercicios de 
estiramiento. Me preparo una taza de café, hago más ejercicios y me baño 
entre 4:00 a.m. y 5:00 a.m.. Voy al gimnasio, que es el área donde 
pinto. Allí preparo la clase de arte que doy en las tardes. A las 8:00 
a.m. abren el patio, donde estoy usualmente por una hora. Corro un 
poquito, me baño de nuevo. Soy el que limpio la celda, en eso soy bien 
estricto. Almuerzo. Y ya a la 1:00 p.m. regreso al gimnasio para pintar 
o dar mis clases. De 3:30 a 4:30 p.m. es el conteo de prisioneros. A las 
5:00 ceno. (Al caer la noche) leo, contesto correspondencia y tengo dos 
radios en los que busco música para relajarme y dormir”.

¿Qué dibuja ahora?
“Una pintura del (fallecido) abogado Juan Santiago Nieves”.

¿Qué lee?
“Hace poco terminé el libro sobre el FBI Enemies (de Tim Weiner) y otro 
sobre China de un periodista español.”

Solicitó clemencia en el 2011, ¿espera obtenerla?
“He vivido esperanzado de muchísimas cosas, pero también soy bien 
práctico. Todo es impredecible. Estoy listo para lo que venga. Si pasa 
bien, sino arrastro lo que tengo que arrastrar”.

¿Por qué aceptarla ahora después de haberla rechazado en 1999, cuando el 
presidente Bill Clinton le otorgó clemencia a una docena de prisioneros 
políticos puertorriqueños?
“(Clinton) excluyó a dos de los compañeros (Carlos Alberto Torres y 
Haydee Beltrán). Nunca, ni en Vietnam ni en la calle, dejé a nadie 
atrás. Se me hizo difícil sabiendo que podía salir primero que ellos. 
También en los 10 años adicionales de cárcel (que se le exigían) no 
podía cometer ninguna infracción y en la prisión uno nunca sabe lo que 
el carcelero puede querer hacer”.
Si hubiese aceptado la clemencia hubiese podido quedar en libertad hace 
4 años, pero ahora le faltan 10 más.

“Sé que es posible que tenga que cumplir 10 años más. Tengo que estar 
listo para enfrentar la realidad. Desde que entré a prisión he estado 
listo para lo que venga. No es fácil, pero me atengo a las consecuencias”.

¿Para Obama es más fácil o complicado otorgarle clemencia?
“Lo veo más difícil. Clinton es un poco más abierto y uno podía leerlo. 
Obama mantiene sus cartas bien cerca al pecho. Ha sido bien mezquino con 
la cuestión de otorgar perdón”.

En el proceso de petición de libertad bajo palabra, en 2011, exagentes 
del FBI y familiares de víctimas del ataque a la Fraunces Tavern de 
Nueva York fueron allí a influenciar en su caso. Aunque no se le haya 
vinculado a ese atentado, seguramente volverán a hacerlo con el 
procedimiento de clemencia.

“Uno de ellos era el agente a cargo del caso en Nueva York. Si hubiese 
tenido alguna vinculación, me hubiesen acusado. Ese mismo agente fue a 
las audiencias del Senado federal cuando Clinton ofreció clemencia. Me 
imagino que las familias quieren venganza. Entiendo, pero para mí es 
fuerte y doloroso que me traten de culpar, no tengo nada que ver. El 
Gobierno (de EE.UU.) ha hecho muchas acusaciones falsas”.

¿Qué percepción tiene sobre el Puerto Rico de hoy?
“La inseguridad, el costo de vida, el desempleo, corrupción, la juventud 
forzada a emigrar, la economía clandestina de las drogas. Eso me duele. 
Perdemos el recurso principal, el recurso humano. Lo positivo es que se 
sigue luchando”.

¿Tiene vigencia la lucha armada?
“Los pueblos cambian, es un proceso evolutivo. Vimos algo bien 
importante con la lucha de Vieques, donde se logró (pacíficamente) lo 
que muchos pensaban no se lograría. Nunca he sido una persona dogmática. 
Las cosas se hacen cuando se tienen que hacer. La lucha armada no es 
viable y quizá no sea algo necesario. Pero habla una persona que ha 
estado removido de Puerto Rico por 32 años. Uno no puede hacer un 
análisis de la sociedad desde la prisión”.

¿Cómo describe a las FALN, retrospectivamente?
“Hay cosas que se tienen que hacer y se hacen. Las personas que me 
conocen saben que respeto la vida humana. Cuando fui al Servicio Militar 
Obligatorio nunca había disparado un rifle. No fui a Vietnam porque 
tuviera ansias de matar o estar en una guerra. Lo más duro para un ser 
humano es ver la guerra”.

¿Será Puerto Rico independiente?
“La esperanza mía es que sí. Dentro del ser puertorriqueño existe el 
deseo de afirmar su identidad nacional. El ELA les ha funcionado bien a 
los intereses de EE.UU., que si no ve algo roto no trata de repararlo”.

¿Ha valido la pena el sacrificio?
“Mi familia sí ha hecho sacrificios. La prisión es un sitio malísimo, 
bien deshumanizante, puede destruir a una persona, pero la idea del 
sacrificio no la veo. Quizá cuando me ponga más viejito”.

¿Cómo se lucha por la independencia después de ser prisionero político?
“Trabajar para que Puerto Rico sea mejor, que sea más seguro. Para mí 
eso es parte de la lucha. Martí dijo que para que un país sea libre 
tiene que ser culto. Tenemos que fomentar eso”.

¿A dónde irá cuando salga de prisión?
“Soy un poco impulsivo, pero tengo que ir primero a Chicago, donde tengo 
a mi hermano, sobrinos y mucha familia, antes de ir a Puerto Rico”.

¿Vivirá en San Sebastián?
‘Claro, soy pepiniano”.

¿Qué hará cuando regrese a Puerto Rico?
“Disfrutar de Puerto Rico, de mi familia. Pero, a mí me gusta trabajar. 
Tengo unas destrezas – organizar, ayudar a los jóvenes – que quiero 
compartir con la gente”.

¿Qué es lo que más ha extrañado?
“La familia, el proceso de socialización, espacio”.

¿Comida?
“Arroz con gandules, aunque soy honesto que después de tantos años preso 
no recuerdo como sabe, (pero) era el plato favorito mío. Mi hermana 
mayor, que murió, siempre me decía ‘tengo gandules en la nevera para 
cuando salgas’”.

¿Le escriben mucho?
“He llegado a contestar 20 cartas en un día. Soy una persona que si 
alguien me escribe le contesto, no importa lo cansado que esté”.

  ¿Le ha escrito al presidente Obama?
“Lo único que he enviado es la solicitud(de clemencia) al abogado a 
cargo del procedimiento de perdón (en el Departamento de Justicia)”.

¿Si pudiera conversar con Obama que le diría?
“Le explicaría como Estados Unidos ha cometido una injusticia con Puerto 
Rico. El colonialismo es difícil de entender si uno no ha sido un ser 
colonizado, si no se ha vivido una vida dura. Le hablaría del caso de 
Puerto Rico y si cree que hay justicia en la lucha, que entonces tome su 
decisión. Se me hace difícil abogar por las cosas mías, pero le puedo 
explicar la razón de ser de la lucha por la independencia de Puerto Rico 
y como vi esa lucha hasta el momento en que fui capturado”.



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“TIME IS GOING TO BE MINE”: Puerto Rican political prisoner Oscar López 
speaks from prison
JOSÉ A. DELGADO jdelgado at elnuevodia.com <mailto:jdelgado at elnuevodia.com>
June 19, 2013
http://www.elnuevodia.com/eltiempovaasermio-1534469.html

WASHINGTON – His long imprisonment has made Puerto Rican political 
prisoner Oscar López Rivera appreciate every  minute he can speak with 
his family, answer a letter, or draw. After 32 years in United States 
prisons, his hope of returning to Chicago (Illinois), where he came to 
understand his Puerto Rico, and San Sebastián, where he was born and 
raised, is more valid now than ever. But he looks at the process of his 
application for clemency to president Barack Obama with the same 
firmness he learned during his 12 years in solitary confinement, 
recognizing that he may have to serve another decade in prison at Terre 
Haute (Indiana), where, in spite of the notoriety of his case, he 
continues to be prisoner 87651-024.

“They hold me in custody, but the time is going to be mine,” López 
Rivera, 70 years old, said yesterday in a telephone interview with El 
Nuevo Día.

López Rivera thinks that the real sacrifice during the last three 
decades has been made by his family.

His love for his daughter and granddaughter has been forged from a 
distance and obligatory separation, first due to his years in 
clandestinity and then because of his long sentence.

His daughter Clarisa, 42 years old, who lives in Puerto Rico and who has 
had her father in prison for almost her entire life, travels to see him 
a couple times a year. His granddaughter Karina, who just graduated from 
college with a degree in psychology and biology, manages to visit him 
more frequently, given that she studied at the University of Chicago.

Most of his communication with his family, attorneys and friends is done 
by telephone or email, --- always reviewed by his jailers --- which he 
can send.

“We have a very beautiful relationship. I come from a pretty united 
family, and that’s helped a lot, especially with my daughter and then 
with my granddaughter. You miss your family enormously. I would never 
have imagined that my relationship would develop so well. We have a lot 
of love for each other,” he said.

Sentenced to 70 years in prison without having been convicted of killing 
anyone, his release date, according to the United States Bureau of 
Prisons, will be June 26, 2023, when he will have served 42 years in prison.

He came to Chicago with his family when he was 14 years old. And in that 
city he learned to think critically, at a time when the civil rights 
movement was taking shape, and he would read signs in restaurants that 
screamed racism toward Mexicans --- ‘dogs or mexicans are not allowed’ 
--- like those his compatriots saw in New York directed toward them.

He inherited his principles from his father, he said. He recalled that 
he recommended reading a story in the newspaper that commented on the 
decision the Mexican painter Diego Rivera took in the decade of the 
1930's to refuse to remove the portrait of Vladimir Lenin from of a 
mural that multimillionaire John Rockefeller had commissioned.

He went to the Vietnam war after being drafted. At the time he didn’t 
yet consider himself to be an independentista. However, the battlefield 
left an impression that launched him into political and community 
activism, and then into the struggle for independence, via the 
clandestine group Armed Forces for National Liberation (FALN).

“The experience of war transforms people. When I returned from the war, 
the Puerto Rican community was also starting to demand that it be heard 
and that it be seen, coming out of the invisibility it was in,” he affirmed.

The history of the Nationalist prisoners, above all Lolita Lebrón, 
influenced his life. “I joined the campaign for their freedom. I decided 
to do something,” he recounted.

Due to the fact that in Puerto Rico a significant consensus supporting 
his release has developed, López Rivera recognizes that if his petition 
for clemency reaches the hands of the president of the United States, 
pressure against it could also intensify.

The interview with López Rivera took place over the telephone after the 
warden of the Terre Haute prison, John Oliver, rejected a new request 
from El Nuevo Día for an in-person interview. For Oliver, “the interview 
(in person) could jeopardize security and disrupt the orderly running of 
the institution.” “I don’t understand how a reporter could represent a 
threat to the prison, because I’m a prisoner, and the interviews are 
done in a separate room,” said López Rivera, who since the summer of 
2006 --- when El Nuevo Día also interviewed him by telephone --- hasn’t 
had contact with journalists.

In his unit at Terre Haute, there are some 50 prisoners. He is the only 
one required to report to correctional officers every two hours.

How is your health?
“For my 70 years, it’s good.”

How do they treat you?
“Given this reality, they’re treating me well. Little things always 
happen that are part of this environment.”

Do they prohibit some communication?
They don’t allow me --- with the exception of (yesterday’s) interviews 
--- to make comments on the telephone which could be published. They 
told me (if that happens), ‘you’re going to the hole,’ which means 30 to 
60 days in segregation.”

You have received such strong support in Puerto Rico and the diaspora.
“It’s been marvelous and moving. When people we think are completely 
different join together, it’s something very meaningful. The most 
beautiful part is the sense of justice in our people. We are a caring 
people, and a people who love justice.

Do they intercept all of your communication?
“Telephone calls are completely intercepted. If I send an email in 
Spanish, it can take three to five days to arrive.”

Do you have access to computers?
“Only for email (which doesn’t leave the institution until it’s reviewed 
by correctional authorities). I’ve never seen (the Internet).”

How do your current conditions compare to the 12 years in solitary 
confinement?
“The difference is night and day. Being in a six by nine foot cell for 
22 hours and 45 minutes is really hard. There is almost no contact with 
other prisoners. When the guards come to get you, they keep you chained 
up. They move the handcuffs so they cut into your skin.”

How did you maintain your mental sanity?
“One of the most important things is the concept one has of time. They 
hold me in custody, but the time is going to be mine. In a six by nine 
cell, you turn it into everything: a studio, an exercise room, a library.”

What is your routine?
“I get up at 4:00 a.m. and in bed I start my stretching exercises. I 
make a cup of coffee, do my exercises and take a shower between 4:00 
a.m. and 5:00 a.m. I go to the gym, which is the area where I paint. 
There I get ready for the art class I teach in the afternoons. At 8:00 
a.m. they open the yard, where I usually spend an hour. I run a little, 
and I shower again. I’m the one who cleans the cell, and I’m very strict 
about that. Then I have lunch. And by 1:00 p.m. I go back to the gym to 
paint or teach my classes. From 3:30 to 4:30 they count the prisoners. 
At 5:00 I have dinner. (At nighttime) I read, answer correspondence, and 
I have two radios to find music to relax and sleep.”

What are you drawing now?
“A painting of (deceased) attorney Juan Santiago Nieves.”

What are you reading?
“Not long ago I finished the book about FBI Enemies (by Tim Weiner) and 
another about China, by a Spanish journalist.”

You sought clemency in 2011. Do you hope to get it?
“I’ve lived with hope for a lot of things, but I’m also very practical. 
Everything is unpredictable. I’m ready for whatever comes. If it 
happens, great; if not, I’ll pull through what I have to pull through.”
Why would you accept clemency now, after having rejected it in 1999, 
when president Bill Clinton granted clemency to a dozen Puerto Rican 
political prisoners?
“(Clinton) excluded two of the compañeros (Carlos Alberto Torres and 
Haydee Beltrán). I never left anyone behind, not in Vietnam, not in the 
street. It made it very difficult for me knowing I could leave before 
they did. Also, with the 10 additional years of prison (which would have 
been required), I couldn’t commit any rule violation, and in prison you 
never know what the jailers can want to do.”

If you had accepted the clemency, you would have been able to leave 
prison 4 years ago, but now you have 10 more years to serve.
“I know it’s possible that I may have to serve another 10 years. I have 
to be ready to face reality Since I came to prison, I’ve been ready for 
whatever comes. It’s not easy, but I have to bear in mind the consequences.”

Is it easier or more complicated for Obama to grant you clemency?
“I think it’s harder. Clinton is a little more open and you could read 
him. Obama plays his cards very close to his chest. He’s been very 
stingy with granting pardons.”

In the process of applying for parole, in 2011, former FBI agents and 
family members of victims of the attack on Fraunces Tavern in New York 
went there to wield influence in your case. Even though they haven’t 
linked you to that attack, surely they will do so with the clemency 
proceedings.
“One of them was the agent in charge of the case in New York. If he had 
had some link, they would have charged me. That same agent went to the 
U.S. Senate hearings when Clinton offered clemency. I imagine that the 
families want vengeance. I understand, but it’s very hard and painful 
that they try to hold me responsible when I had nothing to do with it. 
The (U.S.) government has made many false accusations.”

What are your perceptions about the Puerto Rico of today?
“Insecurity, the cost of living, unemployment, corruption, youth forced 
to migrate, the underground drug economy. That is painful for me. We are 
losing our main resource, the human resource. On the positive side, the 
struggle continues.
Is armed struggle viable?
“Peoples change. It’s an evolutionary process. We saw something very 
important with the struggle of Vieques, which achieved (peacefully) what 
many thought could not be achieved. I’ve never been a dogmatic person. 
Things are done when they need to be done. The armed struggle is not 
viable and maybe won’t be something necessary. But the person who’s 
answering your question has been away from Puerto Rico for 32 years. One 
cannot make an analysis of society from prison.”

How would you describe the FALN, in hindsight?
“There are things that need to be done, and they’re done. People who 
know me know that I respect human life. When I was drafted into the U.S. 
Army, I had never fired a rifle. I didn’t go to Vietnam because I was 
anxious to kill or to be in a war. The hardest thing for a human being 
is to see war.”

Will Puerto Rico be independent?
“My hope is that it will be. With the Puerto Rican being exists the 
desire to affirm his national identity. The ELA has well served the 
interests of the U.S., which if it doesn’t see something broken won’t 
try to fix it.”

Has the sacrifice been worth it?
“My family has really made sacrifices. Prison is an awful place, really 
dehumanizing. It can destroy a person. But I don’t really see the idea 
of sacrifice. Maybe when I’m older.”

How does one struggle for independence after having been a political 
prisoner?
“By working to make Puerto Rico better, more secure. For me that is part 
of the struggle. Martí said that in order for a country to be free, it 
must be educated. We need to foment that.”

Where will you go when you are released from prison?
“I’m a little impulsive, but I’ll need to go first to Chicago, where I 
have my brother, nephews, and a lot of family, before going to Puerto Rico.”

Will you live in San Sebastián?
“Of course, I’m a pepiniano.’”

What will you do when you return to Puerto Rico?
“Enjoy Puerto Rico, my family. But I like to work. I have some skills — 
organizing, helping youth — that I want to share with people.”

What do you miss most?
“My family, the socialization process, space.”

Food?
“Rice with pigeon peas, although honestly after so many years in prison 
I don’t remember how it tastes, (but) it used to be my favorite dish. My 
younger brother who died would always tell me, ‘I have pigeon peas in 
the refrigerator for when you’re released.’”

Do people write to you a lot?
“I’ve reached the point where I answer 20 letters in a day. I’m the kind 
of person who, if somebody writes to me, I answer, no matter how tired I 
might be.”

Have you written to president Obama?
“The only thing I’ve sent is the petition (for clemency) to the Pardon 
Attorney (in the Department of Justice).”

If you could converse with Obama, what would you say?
“I would explain how the United States has committed an injustice with 
Puerto Rico. Colonialism is hard to understand if one hasn’t been a 
colonized being, if one hasn’t lived a hard life. I would talk to him 
about the case of Puerto Rico, and if he believes that there is justice 
in the struggle, then he will make his decision. It’s difficult for me 
to advocate for my own things, but I can explain the reason there is a 
struggle for the independence of Puerto Rico and how I saw that struggle 
until the moment I was captured.”




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