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<font face="georgia, serif">English translation follows Spanish</font>
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<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif"><br>
</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif">La otra deuda</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif">Eduardo Lalo</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif">4 junio 2016</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif"><a moz-do-not-send="true"
href="http://www.elnuevodia.com/opinion/columnas/laotradeuda-columna-2206494/">http://www.elnuevodia.com/opinion/columnas/laotradeuda-columna-2206494/</a></font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif"><br>
</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif">La marcha, realizada el pasado domingo en San Juan,
por la liberación de Oscar López Rivera, expresa dos
fenómenos: la belleza del pueblo puertorriqueño, que a
pesar de todo lo que ha ocurrido en su historia para
negarlo, se congrega bajo el sol y camina por un hombre
que no ha visto en 35 años y, en segundo término, la falta
de responsabilidad y acción ante sus deseos y pareceres
que este mismo pueblo padece sin tregua ni descanso de
parte de Estados Unidos por ya más de un siglo.
Respectivamente son un clamor y un silencio que no cesan.
Sin embargo, ¿qué significa ese llamado que parecería
quedar siempre, no sólo sin respuesta, sino que ni
siquiera beneficia de un acuse de recibo?</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif"><br>
</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif">Desde Washington, nos recuerdan con frecuencia que
somos un territorio. ¿Qué implicaciones tiene esto fuera
de los legalismos, en los usos y costumbres de la
historia? El territorio de Puerto Rico no forma parte de
Estados Unidos. Para la oficialidad estadounidense y gran
parte de su pueblo, no somos solamente el otro —el no
americano—, sino que esto les permite ignorarnos
totalmente de no obtenerse beneficios. Esto se manifiesta
claramente en el presente de nuestra asimétrica relación.
En realidad, únicamente somos soportables desde la
asimilación, sin que ésta implique nunca aceptación o
anexión. La asimilación, que se entiende como un estado de
control y pacificación, no reconoce la diferencia de
nuestra sociedad sino que impone a ésta una vida en la
indiferencia norteamericana. La falta de atención y la
comodidad del dueño son consustanciales a la lógica
territorial.</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif"><br>
</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif">Para Estados Unidos, Puerto Rico es territorio no
solamente en términos de jurisprudencia, sino en el
sentido lato del vocablo: un pedazo de tierra. Esto es así
porque desde la invasión misma de 1898 nunca ha reconocido
habitantes ni ciudadanos y la ocupó como un espacio vacío.
Para Washington la vida de los puertorriqueños ha estado
siempre en otra parte, en un ámbito incierto e impreciso,
en un limbo jurídico que se hereda de generación en
generación. En esa dirección no se siente obligado a mirar
casi nunca, porque sabe que hallaría un escándalo.</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif"><br>
</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif">El presidente Obama no responde al clamor
multitudinario por la liberación de Oscar López Rivera
porque, más allá de razones coyunturales de poca monta, se
inscribe en la perspectiva estadounidense que postula que
en 1898 la nación norteamericana invadió un espacio
vacante o, a lo sumo, con una humanidad que no quiso
considerar plenamente y que procedió a desdibujar en las
sombras de la ambivalencia legal. En 1898 se dio una
conquista ciega y sorda, en la que nunca se mostró
consciencia de la existencia de un pueblo, de su derecho a
existir, a desarrollarse, a obrar como país. Nuestra
humanidad se estimó desdeñable, porque no había que
reconocerla. Lo que importaba era el territorio, la
extensión y la posición geográficas de la isla.</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif"><br>
</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif">En los puertorriqueños de esta hora, está la
alteración de esta perspectiva aberrante, terca e
inhumana. No somos una subhumanidad sino humanos plenos.
El apartheid no se limita a su manifestación histórica en
África del Sur sino que es, sin vestir este nombre, una
fórmula de exclusión e invisivilización perennes. En
Puerto Rico, por más de un siglo, lo hemos padecido aun
teniendo derecho a cheques de alimentos y becas Pell que
tienen aquí también la función de ser mecanismos de
pacificación.</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif"><br>
</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif">Oscar López Rivera es un rehén de la política de
ocupación de la “isla vacía” y de la reducción de los
puertorriqueños a un apartheid territorial. Las causas que
lo llevaron a sacrificar gran parte de su vida en la
cárcel nunca se perciben, porque Puerto Rico como sociedad
y nación no es concebible en la fantasía estadounidense
del territorio vacío, sin actores políticos y sin humanos
completos.</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif"><br>
</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif">Conocemos la indignidad y la violencia de esta
política norteamericana. Es de tal naturaleza, que cientos
de miles de puertorriqueños no quieren considerarla,
porque implicaría una convulsión de tal magnitud que
resultaría imposible vivir con normalidad.</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif"><br>
</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif">Por esto, en el momento actual no hay una sino dos
deudas. La primera es económica y consiste de los 76
millares de millones de dólares que debe el gobierno de
Puerto Rico al actuar como cómplice ineficiente y corrupto
en nuestra pacificación. La segunda es de índole legal y
consiste en el abuso de poder de Estados Unidos, al
condenarnos por más de un siglo a ser un territorio, sin
reconocer plenamente nuestra humanidad, entorpeciendo y
limitando nuestra existencia política.</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif"><br>
</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif">Se nos adeuda el reconocimiento de que en ningún
momento Puerto Rico fue una isla vacía y que los humanos
que aquí vivimos somos un pueblo, es decir, una memoria,
un dolor y una vida que sólo nos pertenece a nosotros.
Ésta es la deuda que Estados Unidos nunca ha comenzado a
pagar y la que en este momento aciago no podemos dejar sin
cobrar.</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif"><br>
</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif">La isla no está vacía. Una celda en una prisión de
Terre Haute, Indiana, tampoco. Allí se encuentra el primer
pago. Hace mucho que está vencido. Estados Unidos debe
pagar la enorme deuda ética que ha contraído con Puerto
Rico.</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif"><br>
</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif">******************************************************************************</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif"><br>
</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif">The other debt</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif">Eduardo Lalo</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif">June 4, 2016</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif"><a moz-do-not-send="true"
href="http://www.elnuevodia.com/opinion/columnas/laotradeuda-columna-2206494/">http://www.elnuevodia.com/opinion/columnas/laotradeuda-columna-2206494/</a></font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif"><br>
</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif">The march that took place last Sunday in San Juan
for the release of Oscar López Rivera </font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif">expresses two phenomena: the beauty of the Puerto
Rican people, who, in spite of everything that has
occurred in its history to deny it, got together under the
sun and walked for a man it hasn’t seen in 35 years; and
second, the United States’ lack of responsibility and
action for over a century, in the face of the Puerto Rican
people’s tireless and ceaseless wishes and desires. There
is, respectively, an unceasing clamor and an unceasing
silence. However, what do we make of this call, that seems
to be always pending, not only without a response, but
without even the benefit of acknowledging receipt?</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif"><br>
</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif">Washington frequently reminds us that we are a
territory. What are the implications of this, beyond
legalisms and the customs and uses of history? The
territory of Puerto Rico is not part of the United States.
For U.S. officials and a great part of people in the U.S.,
we aren’t just the other – the non-american –, but this
allows them to totally ignore us without obtaining
benefits. This manifests clearly now in our asymmetrical
relationship. In reality, we are uniquely bearable if we
assimilate, although that never implies acceptance or
annexation. Assimilation, which is to be understood as a
state of control and pacification, does not recognize how
different our society is, but rather imposes upon us a
life of northamerican indifference. To territorial logic,
the lack of attention and the owner’s comfort are
inseparable. </font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif"><br>
</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif">For the United States, Puerto Rico is a territory
not only in jurisprudential terms, but in the broad sense
of the word: a piece of land. That’s because since the
invasion of 1898, they have never recognized its
inhabitants or citizens and have occupied it as if it were
an empty space. For Washington, the life of Puerto Ricans
has always been apart, in an uncertain and imprecise
field, in a juridical limbo that is inherited from
generation to generation. Thus they feel no obligation to
even look at us, because they know they would find a
scandal. </font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif"><br>
</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif">President Obama does not respond to the
multitudinous clamor for Oscar López Rivera’s release
because, above and beyond insignificant provisional
reasons, it is engraved in the U.S. perspective that
postulates that in 1898 the northamerican nation invaded a
vacant space, or at most, with a humanity they didn’t want
to fully consider, and which they proceeded to blur in the
shadow of legal ambivalence. In 1898 there was a blind and
deaf conquest, in which there was never shown conscience
of the existence of a people, of its right to exist,
develop, or work like a country. Our humanity was valued
as contemptible, because they didn’t have to recognize it.
What mattered was the territory, the extension and
geographical position of the island.</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif"><br>
</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif">In Puerto Ricans of today, this aberrant, stubborn
and inhumane perspective is changing. We are not subhuman;
we are full human beings. Apartheid isn’t limited to its
historical manifestation in South Africa; rather, though
not under the same name, it is a formula of exclusion and
perennial invisibilization. In Puerto Rico, for more than
a century, we have suffered even having the right to food
stamps and Pell grants, which here also have the function
of being a means of pacification. </font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif"><br>
</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif">Oscar López Rivera is a hostage of the politics of
occupation of the “empty island” and the reduction of
Puerto Ricans to a territorial apartheid. The causes that
led him to sacrifice a great part of his life in prison
are never perceived, because Puerto Rico as a society and
nation is not conceivable in the U.S. fantasy of the empty
territory, without political actors and without complete
human beings. </font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif"><br>
</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif">We know the indignity and violence that comprise
northamerican politics. It is such that hundreds of
thousands of Puerto Ricans don’t want to consider it,
because that would implicate a convulsion of such
magnitude that it would be impossible to live normally. </font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif"><br>
</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif"><br>
</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif">Thus, at the current moment, there are not one, but
two doubts. The first is economic, and consists of the 76
billion dollars that the government of Puerto Rico owes
for acting as the inefficient and corrupt accomplice of
our pacification. The second is of a legal nature and
consists of the United States abuse of power, condemning
us for more than a century to be a territory without full
recognition of our humanity, obstructing and limiting our
political existence. </font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif"><br>
</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif">They owe us the recognition that at no time was
Puerto Rico an empty island and that the human beings who
live here are a people, that is to say, a memory, a pain
and a life that belongs only to us. That is the debt the
United States has never begun to pay and that in this
tragic moment we must collect.</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif"><br>
</font></div>
<div class="gmail_default" style=""><font face="georgia,
serif">The island isn’t empty. Nor is a cell in a prison
in Terre Haute, Indiana. There is the first payment. It’s
long overdue. The United States must pay the enormous
ethical debt it has made with Puerto Rico. </font></div>
<div class="gmail_default"
style="font-family:georgia,serif;font-size:small"><br>
</div>
<div class="gmail_default"
style="font-family:georgia,serif;font-size:small"><br>
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